Opinión

Mujer y Danza

Durante los años en los que he transitado por el camino de la danza y el ballet, han sido muchas las interrogantes que me ha provocado la existencia de la mujer como ser creador y como elemento de inspiración para un legado artístico que data desde el siglo XV. Si bien los paradigmas artísticos y el entorno actual de la danza se han abierto al concepto de igualdad, la evidencia histórica nos muestra que en la antigüedad la mujer en el ballet no tuvo un papel y rol fundamental en la creación de su estructura y lenguaje, más bien su intervención comienza desde la reestructuración de una metodología cimentada sobre una ideología patriarcal.

Durante los años en los que he transitado por el camino de la danza y el ballet, han sido muchas las interrogantes que me ha provocado la existencia de la mujer como ser creador y como elemento de inspiración para un legado artístico que data desde el siglo XV. Si bien los paradigmas artísticos y el entorno actual de la danza se han abierto al concepto de igualdad, la evidencia histórica nos muestra que en la antigüedad la mujer en el ballet no tuvo un papel y rol fundamental en la creación de su estructura y lenguaje, más bien su intervención comienza desde la reestructuración de una metodología cimentada sobre una ideología patriarcal. 

Con el paso del tiempo el  rol de la mujer en el arte y la danza  fue transformándose hasta adquirir nuevos espacios de aprendizaje y práctica. La técnica Graham en danza moderna o bien la técnica Vaganova en la formación de bailarines clásicos son un gran ejemplo de esto. Sin embargo, en materia coreográfica hay grandes vacíos y abandono de las creaciones femeninas en épocas recientes.

El 11 de mayo del 2009, el periódico británico “The guardian” lanzó un reportaje y llamada de atención sobre el fenómeno que se venía gestando en el medio artístico hasta entonces: la desaparición de las coreógrafas no solo en la danza clásica, también en el área de la danza contemporánea, medio en el que habían estado proyectando mayor influencia a finales del siglo XX.

La mujer como elemento dentro de la danza.

Durante muchos años en occidente la danza fue considerada una actividad principalmente femenina. Su rol y presencia ha estado siempre presente, y su participación no podría ser cuestionada. Sin embargo a través de los cambios experimentados a nivel artístico, social y cultural nos muestran que el panorama es muy diferente al que se creyó.

Hoy por hoy son muchas las preguntas que surgen desde la perspectiva y argumento feminista sobre el papel de la mujer dentro de una configuración patriarcal, si su participación ha sido pasiva o activa dentro de la creación de las bases y fundamentos del ballet clásico y si los cánones que hoy rigen los cuerpos de las intérpretes de dicha disciplina se ven o no afectados por patrones establecidos en tiempos sin duda, retrógrados. También es necesario preguntarnos qué tan excluyentes son estos factores y principios con los que hemos tenido que lidiar y por qué día a día siguen siendo parte de la cultura, idiosincrasia y características propias de un arte que más allá del contenido de sus obras, busca proyectar naturalidad.

Dentro de la historia de la danza y el ballet han sido muchas las voces que se han alzado en contra del sistema al cual se han visto sometidas las mujeres creadoras de distintas épocas.
Christy Adair fue una de ellas con las siguientes afirmaciones  interesantes respecto a lo que ella interpreta como una ausencia de coreógrafas de ballet: “Mientras se considera socialmente aceptable el hecho de que las mujeres tomen clases de danza porque refuerza la idea de ‘lo femenino’, no se considera aceptable el que muestren sus propias perspectivas a través de la coreografía” (Adair 1992, pp. 63-64).
A través de los años, se han dado a conocer un sin fin de razones que han llevado a una parte importante de las escritoras y académicas a usar estas ideas escritas en diversos libros y documentos para reforzar un punto de vista sobre la representación femenina en la danza y, en especial, en el ballet. 

Si bien, ha existido una tradición de mujeres coreógrafas, muchas veces estas han pasado desapercibidas a través de los años, como bien explican las escritoras feministas en el ámbito literario, el problema puede que no sea la falta de creadoras, sino la continua desatención y olvido a la que han sido sometidas en el transcurso del tiempo.

Entonces me pregunto, ¿Cuál es el legado coreográfico realizado por mujeres en el ballet y cuál es la situación actual del trabajo que nos han dejado aquellas que lograron algún espacio en el rubro?. Sabemos que han sido muchas y seguramente estaremos escribiendo sobre ellas de aquí en más, sin embargo, hoy no repasaremos la historia del ballet ni mucho menos cada presencia femenina que ha sido figura y aporte en este arte. Con este ensayo hemos querido orientar la lectura de la danza hacia un pensamiento crítico, analizando dónde nos encontramos para ser nosotras quienes el día de mañana podamos crear el cambio y la reestructuración de una disciplina que, desde sus comienzos nos ha entregado protagonismo pero, ser la princesa etérea de los argumentos de ballet no es una plataforma suficiente para  ser realmente la voz que necesitamos para cambiar esos cánones y patrones que tanto invaden escuelas y estudios de danza. Porqué sabemos que nunca fueron nuestras condiciones físicas, si no el hecho de cargar con el peso histórico de la idealización antinatural de nuestros cuerpos sometidos a lo que llamamos perfección. 

Hoy celebramos  el Día Internacional de la Danza que es básicamente el natalicio de Jean-Georges Noverre quien fue bailarín, coreógrafo, maestro y escritor de “Lettres sur la danse et sur les ballets” un compilado de quince cartas en donde describe el ballet moderno, la Unesco más adelante en 1982 determinó esta fecha para celebrar la danza en conjunto con el Comité Internacional. 

A ti, que bailas y te mueves en esas cuatro paredes para liberarte de la sensación de encierro que nos provoca la cuarentena, te invito a reflexionar sobre la estructura real e histórica que heredamos y tanto nos esforzamos en preservar en el mundo del ballet, porque los cambios son ahora y el tiempo parece darnos la oportunidad de crear nuevas realidades…

 Bailemos, pero con los pies en la tierra.

Por Partenaire.art 

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