Opinión

La otra pandemia en la danza

Desde mi etapa en la universidad hasta ahora que estamos confinados en pandemia, siempre he observado cómo se ha desarrollado nuestro rubro en el mercado laboral. Años de esfuerzo y trabajo para que a los bailarines profesionales, se nos trate como tal (sobretodo los que hemos invertido en años de estudio). 

Desde el estallido social en Chile (2019) el tema de la desvalorización en el área artística fue tomando un poco más de fuerza dentro de las demandas sociales, sin embargo, al entrar en pandemia nuevamente quedamos postergados. Los trabajadores informales otra vez son  ignorados por el gobierno, o bien, minimizados a través de un fondo de cultura al que optamos a través de un concurso, y bonos que a la larga son préstamos que solo fomentan el sobre endeudamiento. Pero no solo el gobierno nos ha puesto un pie encima en estos días, también algunos empleadores que no han estado a la altura y han reducido rentas innecesariamente.

Esta pandemia llegó de golpe y nos reinventarnos, dejamos atrás nuestras salas de danza para mantener clases y entrenamientos vigentes vía zoom, video u otra plataforma virtual. Instagram se volvió un aliado en cuanto a difusión y marketing (de nosotros mismos o bien de nuestro trabajo). Con todo esto no podemos obviar que nos estamos enfrentando (lenta y vertiginosamente) hacia una ya conocida pandemia, la del artista que “trabaja por amor al arte”. Una cosa es entregar material a la comunidad para mantenernos unidos y en constante aprendizaje y otra muy distinta es que nosotros mismos dejemos de exigir nuestros derechos y justas remuneraciones, ya que de todas formas siempre existirán  personas que lo quieren todo gratis. Pero entre las ansias de estar en vigencia y las ganas de darnos a conocer ¿Cuánto perdemos?. 

Volviendo un poco atrás. en carne propia he dedicado el mismo tiempo para preparar mis clases, he tenido el mismo gasto de energía que estando en forma presencial y además de realizar el mismo trabajo corrigiendo a cada alumna, he tenido que lidiar con un estrés mayor: hacer que la tecnología y los elementos audiovisuales funcionen a la perfección. Entonces me surge la pregunta, si el trabajo es el mismo, ¿Por qué permitir y aceptar no cobrar lo que es justo para nosotros y nuestro trabajo? Estamos en crisis, es cierto. Pero TODOS LO ESTAMOS, también los artistas que viven de su profesión y como todos necesitan ingresos para salir adelante. Para que el arte y la cultura sigan en pie y siga siendo la fuente laboral de muchos, hace falta que nosotros como bailarines nos hagamos responsables de esto. Debemos asumir que tenemos una responsabilidad social de enseñar y aportar a nuestra cultura y sociedad, pero también junto con eso debemos exigir una remuneración acorde a los servicios que entregamos, porque, además de todo, sabemos que gracias a nosotros los artistas esta cuarentena ha sido mucho más llevadera para todos. 

Aún hoy siguen existiendo personas que no valoran la danza, el tiempo y la dedicación que se invierten al preparar y dar una clase. No quiero ni pensar lo que nos va a esperar cuando retomemos las actividades presenciales si no ponemos un alto ahora y comenzamos a dignificar nuevamente la profesión. Ojo compañerxs, no vaya a ser que la pandemia después del coronavirus sea seguir regalando nuestro trabajo. 

Por Partenaire.art

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